Han pasado 6 días desde que llegué a Estocolmo. Es curioso como se ve todo desde el avión, ver las nubes ayuda a pensar. Merece la pena hacer un viaje aunque no tengas quién te espere.
En mi caso tenía quién me esperara, Hannah, mi alumna mentora se presentó en el aeropuerto, justo en la puerta de desembarque, ahí estaba ella con puntualidad sueca preparada para ayudarme en todo el primer día, y además llevaba puesta una gran sonrisa ¿Qué más podía pedir?. Ahí empezaba mi vida por tierras escandinavas.

En Suecia, al saludar no tienen la costumbre de darse dos besos, se da la mano, y yo consciente de ello tendí mi mano hacia Hannah confiado de que recibiría mi saludo quién a su vez me acercó la cara para recibir un típico saludo español. Tardé el tiempo suficiente en reaccionar como para crear una situación cómica, que se mezcló rapidamente con la emoción que teniamos ambos por vernos.
Provisto de 2 maletas, ilusión y mal ingles, intercambiamos unas frases acerca de cómo me había ido el viaje en avión y nos fuimos directamente a la KTH. Allí recojimos las llaves y pusimos dirección a la residencia.
El primer día siempre es duro, todo es nuevo. Mejor dicho. Tú eres el nuevo. Y tienes que adaptarte a lo que hay. La habitación de la residencia no era en absoluto lo que me había imaginado, fue un duro golpe psicológico del que me repuse rapidamente, el segundo día ya había decidido hacer de aquel agujero mi cuarto.
He de decir que mi cuarto no fue todo disgusto, también me llevé una sorpresa, y esque habían 2 colchones.
No hubiera sido una buena idea quedarme en esos momentos en mi “cuarto” de modo que esa misma noche salimos Hannah y yo a cenar a un restaurante español.

El segundo día me levante dispuesto a visitar lo más famoso de Estocolmo, o por lo menos, parte de ello. Así que me cojí el metro directo a Gamla Stan. La ciudad es una auténtica pasada. Estocolmo está compuesta por 14 islas unidas mediante puentes que crean unos paisajes verdaderamente alucinantes, en las islas céntricas se encuentra la antigua ciudad (vikinga) que incluye numerosos edificios históricos, entre los que se encuentran actualmente el parlamento, embajadas y edificios diplomáticos e institucionales. Las calles típicas son estrechas y peatonales, repletas de diferentes tiendas, restaurantes y bares de decoración acorde a la época.


Por debajo la recorre una extensa red de metro, del cual me sorprendió la gran profundidad al que se encuentra. El servicio de metro no es todo lo bueno que debería ser, la frecuencia de paso es de 10 minutos.
Durante mi paseo por Gamla Stan tuve la suerte de toparme con 2 acontecimientos, el primero fue el cambio de guardia del palacio real, del que en ese momento yo no tenía ni pajolera idea de lo que estaban haciendo:

Más tarde preguntando a Hannah me explicó que aquí, la guardia que custodia el palacio real, son militares que se reemplazan todas las semanas, y el cambio de guardia se realiza todos los sabados a las 12:00. Para los militares que custodian el palacio real es un auténtico orgullo. Aquí, el rey es una personalidad muy querida.

Más tarde me encontraría con el desfile del orgullo gay europeo. Una auténtica pasarela de extravagancia y variedad, había gente de todas las nacionalidades y edades, para todos los gustos, personas infinitamente diferentes unidos por una misma causa disfrutando de una gran fiesta que se prolongaría durante toda la noche. Diversión asegurada.


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